De pronto, escuché que se abría el portón y vi que la Negra entraba a cambiarle el pañal a la mamá. Cómo la quiere, siempre quise que alguien sintiera lo mismo por mí. Después de atenderla pasó por mi habitación y me saludó como todas las mañanas con esa sonrisa inigualable y contagiosa. Buenos días, Mariíta. Sin embargo, cuando me tocó no pude sentir el calor de su mano. Marííta, Mariíta, repetía mientras le temblaba el cuerpo. María despiértese.
Salió corriendo desesperada a la calle y empezó a llamar por el celular. Nadie le contestaba porque todas mis niñas a esa hacen ejercicio para estar más hermosas de lo que son. Mis niñas, aunque no las parí son como mis hijas, las amo como si hubieran crecido en mis entrañas. A todas las vi nacer, a todas les hice el tetero y las arrullé en mi regazo cada noche hasta que se dormían tranquilas. A todas las vi progresar y elegir sus caminos.
La Negra no se dio cuenta pero yo estaba parada al lado de ella escuchándola y diciéndole Negra, perdón, ya mi fui. Ayer cuando me sobaste la mano y te pedí que no te apartaras de mi lado me estaba despidiendo de ti, me hallaba ad portas de dejar este cuerpo viejo que tanto sufrió, que solo conoció la felicidad estando al lado de una familia, que aun no compartiendo la sangre supo acogerme y darme amor sin conocerme, a esas personas a las que jamás les pedí nada a cambio porque mi deuda con ellos era tan grande e infinita que nunca quise nada más que su compañía.
Me llamo María Aurora Meldivesa. Pocos me conocen. Mi pasado es un misterio, para mí fue calvario. Dejo hoy este cuerpo que padeció golpes, amargura, injusticias, desamor, que guardó miles de secretos e infamias, que huyó de su terruño para encontrar un poco de paz y con los años se resquebrajó poco a poco para otorgarle eternidad aun alma que supo pagar sus penas con servicio desinteresado y que a partir de este momento está libre.
Esta es la vista que me acompañó más cincuentas años en el hogar que me recibió como una más de sus parientes y al que le debo mi emancipación.
Adiós, mis Cocoínos.
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