lunes, 23 de febrero de 2015

Locura insensata o cantar bajo la lluvia

No sabía si titular esta nota "La actitud todo lo puede" o "La cara lo dice todo", me sonaba todo muy a autosuperación, y no quiero sonar como Deepack Chopra, sólo quiero contar algo que me pasó.

Ya hace casi tres meses inició el año y con él aparecieron nuevos proyectos, ideas, promesas, toda esa explosión de creatividad que surge por saber que tenemos 365 días por delante para hacer lo que queramos (o seguir en las mismas).

Y así como llega la vorágine de propósitos también se hace necesario el hecho de realizar trámites para llevar todo a cabo. El problema es que con ellos aparece la madrugada, la irritación de hacer filas, el desencanto de lidiar con los empleados públicos o privados(esas pobres personas que están día a día atrapadas entre papeles y ventanas minúsculas); así como con todos aquellos "papeleo- habientes" que están igual de desesperados que uno.

Es realmente todo un tema todo eso de los preparativos administrativos. Ni una hora de meditación, ni recitar el "Hare Krishna" 108 veces, o rogarle a Dios Padre, a los astros, la Pachamama que te ayude a tener paciencia  puede salvarte de querer explotar en mil pedazos; especialmente cuando te cierran el banco en la cara cinco minutos antes de la hora prevista y ves del otro lado del vidrio al vigilante (o portero del banco) haciéndote la seña de se acabó, estamos cerrados, a full,  trágate tu orgullo y vuelve mañana para aguantarte la cola.

Sales del banco y, lo que parecía ser un hermoso día veraniego con pájaritos revoloteando en el cielo y gente que danza en lugar de caminar en las calles, termina lleno de nubes y con una tormenta peor que tuvo que pasar Piscina Molitor en Life of Pi, Sí, esta tormenta es más dramática porque justo ese día te hiciste el brushing antes de salir para ir decente a hacer el trámite, te peleaste con tu novio y sabes que debes llegar a entregar algo urgente en el trabajo.

Todo va más lento. Los pies pesan, las gotas se hacen más grandes, correr no sirve de nada, ya estás empapada.

En el ojo de la borrasca

Así las cosas, tienes dos opciones: llorar y actuar como una loca insensata o aplicar el "Singing in the rain" de Gene Kelly. Esta bien, no te acabaron de dar un beso después de una cita soñada, pero el resto depende de ti.

Que el día termine en un desastre peor (puedes meter la pata en un charco podrido o resbalarte y rebotar contra el mundo) o que regreses al trabajo sintiendo la dicha de estar viva(o), de poder sentir el agua en la piel, de tener un lugar a dónde llegar y secarte, de saber que alguien que te está esperando, alguien que te extraña de lejos. Poder respirar, confiar en que después de la tormenta siempre llega la calma, que lo que estás haciendo es para construir tu vida, tu felicidad; eso hace valer todo la pena.

Dos días después volví a hacer el trámite. Era un viernes espectacular: cielo azul, ni una sola nube, anteojos de sol, música. Llegué antes a hacer el trámite, tuve que esperar (como dos horas), sin embargo no me hice drama. Vino mi cuñado a acompañarme un rato y almorzamos frente al Obelisco. Un momento sublime.

Así que no nos enredemos en el aquí, el problema, la molestia. Evolucionemos, avancemos, el futuro es el objetivo. Y si nos caemos, a levantarse, que de eso se trata la vida.







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