Al recorrer las calles
de este pueblo entrerriano (de 15.000 habitantes) se pueden contar en una misma
cuadra hasta 7 casos de cáncer. Los vecinos culpan a las fumigaciones aéreas de
agroquímicos que se realizaban sobre los campos aledaños de arroz. Hoy, aunque
las aspersiones están prohibidas, continúan multiplicándose la patología, pues
el cereal aún se procesa en las fábricas ubicadas dentro de la población. Las
medidas del gobierno han sido insuficientes.
Por: Alejandra Vanegas Cabrera
Por: Alejandra Vanegas Cabrera
Once y media de la mañana del sábado 20 de junio cuando un
gran cartel ubicado sobre la ruta nos
avisó que estábamos por llegar a nuestro destino: “Bienvenidos a San Salvador, la capital del arroz”. Antes de entrar
al pueblo recorrimos casi un kilómetro en el que se podían divisar, a
diferencia del resto de verdes territorios de la ruta 18, campos secos de color
rojizo oscuro, precedidos de negocios de venta de productos para la
agricultura. Desde ese momento nos dimos cuento de que el motivo por el cuál
fuimos a ese pueblo estaba justificado tan sólo por encontrarse los cultivos en
el mismo municipio. “El pueblo es
prácticamente una huerta, ¿cómo no van tener cáncer?”, me dijo mi
compañero.
Al bajarnos del colectivo, todo parecía bastante normal, era
un pueblo bastante prolijo. En la plaza principal, contigua a la terminal de
ómnibus estaban festejando el día de la bandera. Había un grupo de niñas entre
los 9 y 10 años (calculo) que estaba danzando vestidas de blanco y celeste. Nos
quedamos viendo el espectáculo durante 10 minutos mientras venía a buscarnos
Andrea Kloster, quien sería nuestra guía, de un recorrido bastante escabroso.
Cabello rubio intenso, ojos celestes, brillantes y grandes
con una mirada amable, transmitían bondad, casi empatía; piel blanca, de unos
1.65 de estatura y 50 años, era Andrea, quien saltó emocionada y nos abrazó ni
bien se detuvo la camioneta Honda que era conducida por su marido, Gabriel.
Esta pareja, que está unida hace casi tres décadas, fueron
quienes nos contactaron en un grito de auxilio para que viniéramos a conocer la
historia de su pueblo natal, ese que hace más de dos años comenzó a ser azotado
por el flagelo del cáncer y que hoy está ad
portas de dejar de ser la Capital Entrerriana del Arroz para convertirse en
la capital del cáncer de Argentina.
Desde que nos montamos al auto, Andrea no dejaba de
agradecernos por haber aceptado su invitación. “No saben lo que significa para nosotros que gente de Capital se interese
por este problema por el que lucho sola. Todos están enfermos pero nadie se
queja, ni dejan de usar los agroquímicos. Parece que les importa más la plata
que su propia salud”.
Tras un trayecto de no más de 5 minutos llegamos a la casa
de Andrea, ubicada en el barrio Jardín, ubicado en una de las zonas más nuevas
del pueblo. Allí, entres mates y
posteriormente, un asado, nos reveló cómo y porqué había iniciado la lucha por
esta causa.
Problema de muchos,
batalla de una
“Hace dos años, estaba
en mi casa una tarde de invierno un poco acongojada porque Cecilia, una chica
de 36 años, había fallecido de un tumor cerebral dejando tres niñas huérfanas.
En eso llega Gisella (una conocida) a buscar unos adornos para una fiesta que
tenía (Andrea trabaja como organizadora de eventos), en nuestra charla surgió
el tema de la muerte de Cecilia. Ambas coincidimos en que era raro que una
mujer de hábitos sanos y deportista haya muerto por esa enfermedad. También
hablamos de que los casos de cáncer eran cada vez más frecuentes. Gisella me
sugirió hablar con su madre, que es enfermera del hospital de San Salvador”.
Al día siguiente, Andrea se reunió con la madre de Gisella,
quien le contó que al hospital estaba llegando mucha gente con tumores,
leucemia, cáncer de pulmones, de piel, de próstata e incluso niños con
deformaciones y algunas enfermedades no usuales como la miastenia gravis, un
mal neuromuscular crónico caracterizado por grados variables de debilidad en
los músculos.
La mujer le comentó que en el círculo médico se hablaba de
que posiblemente estos males eran causados por las aspersiones de agroquímicos.
Inmediatamente Andrea empezó a hacer una campaña por
Facebook para convocar a los vecinos. A los pocos días acordaron una marcha que
reunió más de mil personas. “En ese
momento me sentí respaldada, la gente había tenido una buena respuesta, lo que
significaba que sí estaba pasando algo relacionado con el cáncer y las
fumigaciones”.
La convocatoria de Andrea tuvo tanto éxito que incluso el
gobierno de la provincia envió a un representante para verificar de qué se
trataba el problema, es decir, si la protesta estaba justificada. El
inconveniente fue que enviaron a una joven veterinaria que poco o nada sabía
acerca de los agroquímicos y su posible incidencia en los casos de cáncer.
En la marcha también se hizo presente el intendente del
pueblo, quien prometió a los asistentes revisar con detenimiento la cuestión y,
dado el caso de que las fumigaciones tuvieran una conexión o fueran
perjudiciales para la salud, se tomarían las medidas necesarias para conjurar
la situación.
Los días posteriores a la manifestación Andrea comenzó a
percibir un cierto desinterés de quienes con más empeño la habían acompañado en
la manifestación. También se dio cuenta de que “sorpresivamente” algunos habían
recibido un puesto burocrático en la intendencia.
“Muchos de los que iniciaron
la lucha conmigo hace dos años los compró el intendente con puestos. Y la
gente, a pesar de que tiene los familiares enfermos prefieren tomar el trabajo
y las prestaciones que denunciar lo que pasa. Parece que les interesa más el
dinero. A mí ahora me tildan de loca. ”, asegura Andrea.
El arroz, una mina de
oro
Desde 1932 en San Salvador se ha cultivado el arroz. La
mayoría de los habitantes y familias del pueblo hacen parte de este negocio
agropecuario que ha ido especializando y modernizando con los años. La
industria local ha desarrollado una significativa infraestructura de molinos,
cooperativas y organizaciones que han alcanzado una producción con altos
niveles para la exportación.
De acuerdo con el Sistema Integrado de Información Agropecuaria
entre 2011 y 2012 la producción fue de 68.800 toneladas, entre 2012 y 2013 cayó
el rendimiento de la industria ubicándose en las 50.630 toneladas, sin embargo,
en el 2013 y 2014 volvió a acrecentarse la fabricación del alimento llegando a
las 61.350 toneladas.
El 2011 fue un año clave para la industria del cereal en San
Salvador, pues se inició la cosecha con un récord de producción que había
alcanzado en 2010 las 1,6 millones de toneladas de arroz, así como se habían
ampliado los campos del cultivo de 55.000 a 103.000 hectáreas. Incluso el entonces ministro
de Agricultura de la Nación, Julián, Domínguez, viajó hasta el pueblo para
hacerle un reconocimiento y nombrar como modelo de producción nacional.
El corralito
legislativo arrocero
Este homenaje del jefe de cartera Domínguez y la
sobreproducción de 2011 fue una sentencia de muerte para los habitantes del
municipio, ya que fue ese año en el que empezaron a aparecer con frecuencia
casos de la letal enfermedad. Para la
siguiente cosecha (la de 2012) fue el momento en que Andrea inició su lucha y
convocó a los vecinos a la protesta que derivó en la sanción de la ordenanza
N°1090, que estableció una zona de resguardo ambiental, la cual comprende el
casco urbano y un radio de 500 metros.
En este espacio protegido la legislación local prohibió las
pulverizaciones y aplicaciones de plaguicidas, agroquímicos y cualquier
producto biológico, que se por cualquier medio (ya sea terrestre o aéreo), así
como se impidió las limpieza de las maquinarias, los aviones, el equipo de aspersiones,
y el vaciado de remanentes de los químicos en los ríos y arroyos de la zona. También
fueron removidas (a 3 kilómetros) las pistas de aterrizaje de las aeronaves
fumigadoras, que se encontraban antes dentro del pueblo.
Es importante mencionar que la ley municipal controló el
área de cultivo, las pulverizaciones y la ubicación de los aeropuertos, más no
reconoció ni restringió el funcionamiento de las arroceras que están dentro de
la ciudad, las cuales continúan desempeñando sus labores hasta la fecha. Cabe
indicar también, que el cereal que viene de los campos contiene importantes
restos de los pesticidas, los cuales durante el procesamiento del cereal fluyen
como vaho.
El estatuto cayó como un baldado de agua a los productores
de arroz, tanto así que la producción decayó en 2010 de los 1,6 millones de toneladas a
68.800 (como se mencionó en las
anteriores estadísticas). Los industriales se vieron obligados a reducir su
radio de cosecha y a introducir el
cultivo de la soja (que estaba dando buenos rendimientos en otras provincias de
la Argentina) para recuperar sus pérdidas.
Es así como entre 2013 y 2014, la Capital del Arroz
sustituyó la siembra del cereal por la de la soja transgénica. De acuerdo con
la Bolsa de Cereales
de Entre Ríos, entre 2013 y 2014 se registraron 28.900 hectáreas de la
oleaginosa y 8.000 hectáreas de arroz en los alrededores del pueblo.
Chernóbil argentina
Después de haber comido, Gabriel y Andrea nos invitaron a
dar una paseo por el pueblo. Nos aseguraron que de modo entenderíamos de qué
nos estaba hablando. Durante el recorrido observamos campos secos de tierras
rojizas (en donde testifica dice Andrea que tiraron tantos químicos que
quedaron inservibles), vimos también árboles secos, chicos jugando fútbol en lo
que una vez fueron plantaciones de arroz. A pesar de que era feriado las
arroceras estaban funcionando a toda máquina mientras la gente transitaba por
las calles o estaba descansando en las casas aldeñas.
A Andrea la tiene registrada como la “loca” del pueblo por
denunciar ante los medios la situación. Por este motivo, mientras recorríamos
la ciudad y ella nos marcaba: “en esta
caso murió un señor por cáncer de próstata, en la siguiente una de las nenas
tiene leucemia, en la otra el padre tiene un granito que le diagnosticaron como
cáncer de piel”, los protagonistas de esta historia no veían con ojos de
odio. De hecho pasábamos por un lugar e inmediatamente la gente se escondía en
sus casas. Según Andrea, nadie quiere dar testimonio, “ellos prefieren quedarse callados”.
Según las cifras el Observatorio de Mortalidad de Todos por
Todos, organismo que trabaja de la mano con la ONG Red de Médicos de Pueblos
Fumigados, las cifras de muertes por cáncer de San Salvador son las siguientes:
En 2010, se registraron 58 muertes, 27 de ellas fueron por cáncer (46,5%). En
2011, hubo 80 fallecidos, 40 de ellos tuvieron como causa dicha enfermedad. En
2012, de un total de 52, 22 murieron por cáncer, y, en 2013, la cifra llegó el 32% (de 59 casos,
19 fueron por el letal padecimiento).
Hasta 2013 fallecieron 249 personas y 108 de ellas fueron
víctimas del cáncer. Para mediados de 2014 la cifra seguía siendo
desalentadora, se presentaron 17 muertes de orden cancerígeno, la mayoría
diagnosticados con tumores cerebrales,
leucemia y cánceres, de garganta, boca, colon, pulmón, próstata, tiroides,
riñón, en el sistema nervioso central, páncreas, pies, testículos, estómago,
laringe, intestino, columna y huesos.
¿Hay salida?
Ante este panorama lamentable la pregunta que surge es ¿Qué
se puede hacer? De acuerdo con Patricio Eleisegui, autor del libro Envenedados
que hace un análisis al desarrollo
modelo de producción agropecuaria basado en el uso indiscriminado de
agroquímicos, la solución estaría en que se realice una estadísticas que den
cuenta no sólo de los fallecimientos sino también de los casos de las personas
que continúan con vida.
Por otra parte, Eleisegui asegura que la academia debería
tomar cartas en el asunto y mediante un estudio probar que, efectivamente, las
muertes por cáncer son a causa de los pesticidas. A este punto que recomienda
el especialista en el tema de agroquímicos, esta próximo a tener una respuesta.
Damián Marino, científico de la Universidad del Plata y
miembro del Conicet, realizó hace dos meses junto con un equipo de académicos
un relevamiento de los casos de cáncer, así como también tomaron muestras de
suelos, aguas, lluvias y partículas del aire para analizarlos y designar cuál
es el elemento químico que está originando el cáncer. El estudio tendría
resultado el próximo mes de julio.
Con estos avances y constataciones que haga la academia,
dice Eleisegui, el gobierno municipal y provincial debería acceder a retirar
las fábricas de arroz que están dentro del pueblo, pues sería el vapor que se
desprende de sus procesos los que puedan estar afectando la salud de la
comunidad.
Al irnos de San Salvador, comprendimos que la ruta 18, esa
que fue más conocida como la ruta de la muerte, nos había llevado aquella
mañana al mismísimo infierno, el que vive un pueblo de gente inocente que
confió a ojos cerrados en las promesas y los estímulos del gobierno y las
multinacionales.
*Artículo de difusión o reproducción libre siempre que se mencione la fuente.
*Artículo de difusión o reproducción libre siempre que se mencione la fuente.

No hay comentarios:
Publicar un comentario