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"Si quiere recorrer por lo menos un cuarto de los Bosques de Palermo tenemos que salir temprano". Le grité a Stefanía desde la cama. Así le hablo a ella, como nos hablamos en Cúcuta, de usted, fuerte, sincero pero en el fondo cariñoso. La Nalga (como le llamo a esta hermana del alma que es mi amiga desde la primaria) había llegado un día atrás, apareció a las 4 de la mañana del sábado 12 de marzo con esa simpatía y peculiaridad que la caracteriza y con una almohada de un gato.
-Mira lo que te traje, Nalguiiiii.
Yo estaba súper dormida, había tenido la segunda quimio dos días atrás, la que me dejó con bajón de defensas. Ella quería hablar y hablar, yo apenas podía sostener la mirada, quería contarme lo fascinada que estaba tras compartir con sus amigos de la "secta amor" en Bogotá (así llamo al grupo de superación al que asiste, no de modo displicente o burlón, sé que la ha cambiado y le ha hecho bien, pero tengo que ponerle un nombre) y de pasar unos días en Brasil con su novio.
-Nalgs, mañana hablamos. Me caigo de sueño.
Ese día nos levantamos muy tarde, y bueno, había que ponernos al día porque la última vez que nos vimos en vivo y en directo fue el año pasado, aunque en realidad no había tanto de que contar porque siempre nos mantenemos en contacto, sin embargo, lo que me está pasando con la enfermedad, tenía que contárselo de nuevo con pelos y señales, como decimos en Cúcuta. Después de una larga charla me dijo:
-Te veo muy tranquila, si me pasara lo que a ti, estaría que me mataba.
- Ja, esta paz es mi secreto mejor guardado. Es mi volver al origen.
Se quedó con cara de ¿WTF?
Y se puso a hacer su tarea de la secta amor. En el que supuestamente se iba a demorar 20 minutos que se convirtieron en 2 horas.
-Nalgui, no vamos a alcanzar a ver todo lo que quieres, dale.
- Ya voy, estoy terminando el documento.
-¿Para la "secta del amor"?
- Sí, pero no se llama así.
Risa sarcástica.
- Na na na na na na na na na na, ¡líder!, !líder!,¡líder!
Mientras la Nalga terminaba su edicto de la superación yo me me quedé viendo una película que me encanta, en realidad me gusta más el libro, "Comer, rezar y amar", el cual leí por recomendación de mi mamá hace 5 años cuando estaba experimentando, no quiero decirle una crisis, sino una necesidad de cambio extremo en mi vida.
Aunque siempre que un texto es llevado al cine deja de lado detalles valiosos, creo que la esencia de lo que quería expresar Elizabeth Gilberth con su historia de vida fue captada por Ryan Murphy, su director, o al menos el mensaje que yo necesitaba recordar ese día se reveló en el momento indicado: Puedes viajar hasta el lugar más recóndito del mundo para buscar a Dios o esa razón de la vida, sin embargo, él no se esconde en un majestuoso templo de la India, o en una selva exótica de Bali o en la cima del Everest, Él, ese origen, calma y fuente de todo, está dentro de ti, para encontrarlo sólo debes amansar ese caos que es tu cabeza y escucharlo así te revelará eso que tanto busca la gente, ese fin último de la vida que es el amor.
"Por lo único que vale la pena perder el equilibrio es el amor", le dijo su Guru a Elizabeth (Julia Roberts en la película). Ese mensaje se me quedó entre ceja y ceja, entre neurona y neurona, entre la garganta, el pecho, el estómago y luego estalló como una bomba con cientos de mariposas que colmaron todo mi ser. ¡Qué paz trae el amor! pero no el amor celoso, posesivo, nervioso, inquieto y desconfiado sino el amor real, ese que te permite soltarlo todo y dejarlo ser.
La idea de salir temprano a pasear con la Nalga y mi mamá fue un fiasco total. Eran las 4 de la tarde cuando pisamos la vereda sin almorzar y Stefanía quería conocer media Buenos Aires en un día, sin percatarse que las distancias en esta, como en cualquier otra capital del mundo, son enormes e inabarcables en pocas horas. así que le dije que eligiera a dónde ir.
-Mercadillo de San Telmo.
- Bueno.
Estaba un poco cansada pero ver la cara de fascinación de mi Nalgui era combustible perfecto para hacer ese típico y obligado paseo dominguero para ver "chucherías" (así lo denominó oficialmente mi papá en su visita el año pasado). Recorrimos la empedrada calle Defensa con sus iglesias, puesticos repletos de porcelanas, antigüedades, ropa, artesanías y cuanta cosa necesariamente innecesaria pueda imaginarse.
Ella estaba feliz. Iba y venía por entre los turistas, compraba, regateaba, hacía un extraño acento argentino que terminaba saliéndole venezolano. Yo sólo la miraba y disfrutaba del momento, de poder compartir ese domingo con ella y mi mamá, de poder estar parada ahí, de que mi cuerpo resistiera el olor a choripán, incienso y palosanto, los ruidos, el gentío.
-Por fin. - pensé- Ya puedo disfrutar de las cosas como están, como son, sin necesidad de controlar nada más que mis sentimientos y sentidos para que se queden y aprecien en el momento. ¡Es esto!
A eso se refería Laura, mi nueva psicóloga, esa que me mira sorprendida mientras hablo como cotorra.
- ¿Ahora entendés lo que es soltar, Ale?.
Me dijo la última vez que me vio.
"La felicidá"
Cada momento con Stefa fue frenético, en pocos días quería comerse esta ciudad que desde el principio le pareció cautivadora. Me hizo acordar de la primera vez que vine a Buenos Aires y me enamoré de ese no sé qué de esta ciudad, tal vez el mismo que describe Sábato en Sobre héroes y tumbas. Sus calles, edificios, su sensibilidad, el arte, su espíritu fuerte que te atrae, te impacta, te enamora, el mismo que te hace odiarla y amarla.
- Me gustaría vivir aquí.
- A mí me pasó lo mismo. Yo que como tu había viajado tanto, la conocí y fue amor a primera vista. Eso sí atente a las condiciones que te va a poner para quedarte y a que te transforme, nunca lo hace suavemente.
Vimos la Plaza de Mayo, Puerto Madero, El Obelisco, la avenida Corrientes, San Telmo durante el fin de semana, recordé la historia de cada lugar a la perfección. Salimos a comer y a divertirnos algunas noches y otras sólo nos tiramos en el sofá a recordar anécdotas de la infancia. Mi mamá también le sirvió de guía y compañía cuando yo debía trabajar.
- Nalgui, pero tu no deberías estar trabajando con la enfermedad.
- Quiero hacerlo, no me gusta sentirme inútil. Mientras pueda volar lo haré, si no correré, si me canso caminaré y si debo trabajar incluso desde la cama, también le pondré toda la energía.
-No sé cómo lo haces.
- Yo sí, por amor. Verte feliz me hace feliz, al yo estar alegre todo mi entorno se colorea, por mucha tormenta y gris que haya.
Días divinos en que me di cuenta de lo mucho que me ha enseñado esta ciudad y de que este Volver del que hablo también significa encontrar el punto de equilibrio entre la Alejandra colombiana y la Alejandra que ahora vive en Argentina. Es haber dejado el enfado por estar enferma, dejar de culpar a los demás por lo que me pasa y hacerme cargo de las sombras, de los colores, los defectos y virtudes que hay en mí, significa aprender a disfrutarlos, comprender el dolor, lo pesado y lo ligero, lo que es importante y lo que no, lo que viene y va, la dicha de que salga el sol y la necesidad de la lluvia, de la alegría y la tristeza, y de encontrar incluso paz en la incertidumbre, porque hay algo más allá que todo lo puede y es principio, causa y efecto de lo que pasa en este pequeño planeta del universo: DIOS, el mismo amor, el OM, el Alfa y Omega o simplemente el creador y arquitecto de lo que vemos a nuestro alrededor y está en nosotros mismos. Entonces ¿Para qué preocuparse? ya todo está dado. Hay un destino para cada cual y en nosotros está vivirlo a los golpes, puteadas y con sentimientos desparramados, o con serenidad, sabiduría y respeto.

Gracias. Eres una maestra. Con cada escrito aprendo y aprendo. Un beso muy grande!
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