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| Graphik (H). Yuxtapoz.com |
Sus lágrimas se deslizan por sus mejillas, siente que le queman el rostro. Sus ojos poco a poco se van inflamando, le salen grietas rojas en la esclera. Una película de
agua con sal los cubre hasta la pupila. Ella los aprieta para que se derramen más
lágrimas y para que éstas le cercenen la piel más delicada, la que queda donde terminan las
ojeras de no haber dormido bien la noche anterior, la noche de su cumpleaños,
la noche en que quiso ser perfecta y le salió natural. Fue fácil lograrlo porque la que actuaba era su otra yo, la que confía, la que quiere
que todo salga bien, la misma tonta a la que nunca escucha y calla de una
bofetada cada vez que le dice ¿Por qué no confiar? Te ama de verdad, no le
hagas caso, él no lo merece, ya recibió suficiente mierda y tú también. Cállate puta, le dice enfurecida, mientras le
parte esos perfectos labios rosa.
Esta pendeja no se calla, continúa el murmullo, Hey, no te hagas la tonta no sabes a dónde vas, no me ignores, mejor vamos a
fumar, no, no se me ocurre una buena idea, escríbele que piensas que no abre su muro porque seguro no quería que
vieras los mensajes de ella. Ana le pregunta al murmullo, pero ¿quién es ella? Responde la
malparida, ella es cualquiera. Puede ser la boricua, la solterona del edificio que lo invitó a tomarse un cafecito en el restaurante nuevo que abrieron a la
vuelta de la esquina y con la que seguramente se echó sus canitas al aire
mientras tu no estabas, Marta, Cielo, Gabriela, cualquiera, cualquiera. ¿No te
das cuenta? Él no es confiable. Mírale nada más el muro, te escribe a ti donde
ella no lo puede ver, así te mantiene tranquila.
¿Viste? Hasta aquí te llego, ya no sabes cómo distraerte, ¿para
qué perdiste el tiempo? Mejor sigue buscando más detalles de su juego, no dejemos ganar a la tarada . Oye, pst, pst ¿te diste cuenta que te conectaste y ni siquiera te habló?
Seguro está hablando con una de ellas, o con varias, imagínate nada más, una le
dice que lo ama, que ya quiere verlo; la otra, la más atrevida, le describe
cómo le va a chupar la pija la próxima vez que se vean en el motelucho que
queda pasando el puente de la calle Uruguay, por ese que pasas y dices mmmhhh
seguro que aquí vino con alguien, por algo me dijo que viniéramos cuando todavía estaba en Costa Rica, cuando lo deseaba como una pendeja ¡qué estúpida eres, Ana, qué estúpida!. Se burla.
Ana se desespera, agarra un cuchillo y aprieta la parte afilada contra la palma de su mano. La sangre brota. El dolor físico compensa su dolor sentimental. No tiene hambre, ni ganas de
hacer nada, sólo quiere llorar pero tampoco sabe porqué está llorando. Las lágrimas
no cesan de brotar de sus ojos, no las puede detener. Son las dos de la tarde y ni siquiera se ha quitado
la pijama, no quiere hacerlo, se siente caliente, el calor la aquieta, le da
sensación de protección. En el fondo no quiere que la vuelvan a herir, no quiere volver a
sentir su corazón roto porque es verdad, cuando te traicionan se abre una
grieta, duele, a veces es tan fuerte el dolor que se torna insoportable, tanto quisieras poder arrancar con tus manos el sentimiento del corazón y tirarlo a la mierda, sin
embargo, hacer eso es imposible, esa sensación la carcome y la penetra hasta lo
más profundo de tus huesos. Se queda sin fuerzas y sin motivos para continuar,
para volver a sonreír. No quiero eso otra vez, no quiero.

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