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En realidad, hay que ser sensata, al principio en la relación pasa algo similar al cuento de hadas. Hay maripositas en el estómago y duendecitos alrededor tocando una melodía romántica que nunca se detiene. Esta es la fase del cortejo. Lo presentan a los amigos con un orgullo que ni uno mismo se cree, te llevan, te traen, te compran, te adulan, te dicen mil veces lo divina que te ves con el vestido nuevo que compraste para el matrimonio de tu mejor amiga. Todo es halagos, regalos, sonrisas, picadas de ojo, sexo non stop, fantasías, jueguitos, coqueteos, felicidad, felicidad, y más felicidad. El cielo es poca cosa al lado del mundo en el que uno vive.
En este punto cabe resaltar que la duración de esta etapa varía. Puede durar meses o años. Todo depende de una cosa, la convivencia. En el momento en que uno, él o ambos deciden casarse o irse a vivir juntos ocurre el punto exacto de rotación, el giro de la trama, el centro de la inflexión, inicia el nudo de la historia, ese mismo que vendrá a definir el desenlace.
El periodo comienza con el inevitable hecho de la apropiación del espacio. Normalmente las mujeres nos adueñamos del 95% del clóset. Primera parte de la invasión, en la que la boca de ellos se va para un lado. Luego, queremos decorar la casa a nuestro antojo. Por lo general, uno se lleva "un par" de cositas de su casa (esto en el caso de cuando se vive sola) que, obvio, van a ser muchas más de las que él trae. Avanza la ocupación. Ya hay un: jummm, pero a mí no me gustan los muebles de flores, o, ¿por qué pusiste mi póster de Transpoting detrás de la puerta que siempre está abierta?
La conquista se ha completado cuando no hay evento de la vida de ellos del que uno no sea parte. Esto también equivale a entrar sin pena al baño en la casa de la mamá, a tener temas en común con sus amigos, o incluso a cuando uno tiene el valor de criticar a la prima que se la pasa de rumba, o al hermano que le va mal en el colegio. En este momento ya te dicen: amor, pilas con los comentarios. Aquí los halagos han bajado de nivel y frecuencia. De hecho el liguero rojo ya no causa el mismo efecto ni se ve tan bien porque uno termina comiendo a la par que ellos.
No obstante, la expansión es total cuando uno decide que se repetirá María la del barrio en el mismo horario en el que transmitirán el campeonato de fútbol, o que en lugar de ver Rambo el domingo en la noche, se moqueará mirando por enésima vez la última escena de Notting Hill, en la de Julia Roberts está embarazada y acostada sobre las piernas de Hugh Grant. Este tipo de situaciones ya han logrado que las llamadas durante el día y los "te amo" sean menos continuos. La magia está echada.
No pinta tan bonito el panorama ¿cierto? El encantamiento ya se ha transformado en tolerancia y el amor en paciencia. Sin embargo, cuando te despiertas a mitad de la noche asustada por una pesadilla y él te abraza para que te pase el miedo, cuando te calientas los pies congelados con las piernas de él, cuando él es capaz de quedarse inmóvil dos horas para que puedas tomar la siesta acostada sobre su pecho, cuando te dice: te ves hermosa, aún cuando sabes que tienes cinco kilos encima por haber cambiado el sushi con té verde por pizza y vino, o la ensalada con agua saborizada por empanadas con cerveza; o cuando te ha aguantado la pataleta del síndrome premestrual. Ahí, es ahí cuando dices: vale la pena seguir, buscar lo dulce en lo amargo y no enojarse porque no me llama o no me repite cincuenta mil veces que me ama.
Las palabras bonitas se han transformado en otro tipo de hechos que nos demuestran que la historia de amor ha evolucionado, se ha hecho de carne y hueso, salió de la pantalla para humanizarse, para hacerse real. Eso se debería contar en las películas de Disney ahora, así nos ahorraríamos unos cuantos disgustos y desilusiones. Además entenderíamos que no debemos ser unas princesas odiosas y egocéntricas a las que se les deben hacer los caprichos realidad, sino mujeres humildes, calmadas y amorosas. Eso es más inteligente.

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