miércoles, 3 de febrero de 2016

Diario de mi cáncer: Radiactiva por un día

dailymail.co.uk
Veintiseis de enero, el gran día, el día del PET, el examen que determinaría en qué nivel está el cáncer. Me desperté de un salto. Agarré preocupada el celu pensando que se me había pasado la hora y cuando me fijé ni siquiera eran las 7 de la mañana. Como siempre me visitó el pensamiento que tengo cada mañana desde que me entregaron la biopsia: Cierto que tengo cáncer, y comienzo a navegar por un océano de ideas. Algunos días pienso en si se me va a caer el pelo, otros días me imagino cómo me veré pálida y ojerosa trabajando en una clínica que vende belleza, otros días pienso qué nivel de cáncer tendré, en si pospongo o no la maestría, algunas ocasiones me asusto, ¿Y si llego a ser ese 10% que no supera el linfoma?

Pasado el momento de reflexión matutina ansiosa, rezo una oración que me enseñaron en el Carmelitas, el colegio de monjas donde pasé toda mi infancia y adolescencia: Señor, en el silencio de este día naciente, quiero pedirte la paz, la sabiduría y la fortaleza, quiero mirar al mirar al mundo con los ojos llenos de amor para ser dulce, compresiva y buena, ver a tus hijos, mis hermanos más allá de las apariencias como tu los ves, cierra mis ojos de toda maldad, guarda mi lengua de toda calumnia, que sólo los pensamientos que tu bendices moren en mi espíritu, que sea tan buena y tan alegre que todos los que se me acerquen sientan tu presencia, revísteme de ti mismo y a lo largo de este día yo te alabaré. Amén. Se calma un poco la mente. No sé si algo de lo que rezo se cumple o surte efecto en mí, a veces pienso que no porque actúo como los animales o tal vez no tengo la suficiente fe o mi mente aún es tan limitada que no comprende la magnitud de lo que es Dios (creo en Él, llámenlo como lo llamen).

Pegué un brinco de la cama y puse a hacer el mate, sólo podía tomar café, te o mate sin nada de azúcar.Volví a la cama mientras hervía el agua y me quedé pensando un rato más. Otra vez canalización, otra vez agujas, espero que no me duela mucho cuando me pinchen, que el líquido no me ponga débil. Me parecía fascinante y a la vez espantosa la idea de estar radiactiva por un día, pensaba que la gente se iba a marchitar a mi paso, de que podría lanzar rayos, hasta creí poder volar y quebrar el piso o inmensos bloques de cemento, al estilo de Hulk. Voy a ser una super héroe hoy.

Sonó la tetera y salí corriendo a apagarla. Le puse un poco de agua fría al termo para bajarle la temperatura al agua y bebí un par de mates antes de meterme a la ducha. Estaba muy optimista ese día. Como me levanté temprano me tomé mi tiempo en la ducha, sentí el agua fría recorriendo mi cuerpo, mis manos enjabonadas deslizándose por las piernas, los brazos, el estómago, me abracé, sentí emoción de estar viva. Cuando todo esto pase quiero celebrar mi renacimiento en el mar, no sé en qué playa o en qué lugar del mundo, pero seguro voy a hacerlo. Tenía unas ganas locas de experimentar la braveza de las olas sacudiéndome, la libertad de flotar, de dejarme llevar por el agua fresca, la sal, el sol, la arena, de mezclarme y ser una con el océano.

Salí del baño, me sequé,  me embadurné de crema y, empezaron los síntomas, comezón en la piel, siempre que salgo del baño me da. Al principio me rascaba como una desquiciada y me dejaba las uñas marcadas, ahora soy un poco más suave. Canto un mantra y me sobo las piernas y los brazos, Hare Krishna, Hare Krishna, Krishna, Krishna, Krishna, Hare, Hare, Hare Rama, Hare Rama, Rama, Rama, Hare, Hare. Las acaricio, trato de no perderme en la molestia. La molestía es sanación, sáname, hazme comprender, le pido.

Pasado el momento de crisis, me puse las pilas y a seguir se dijo.Planché el vestido que me quería poner, me maquillé, me peiné, alisté los estudios anteriores, los documentos que tenía que presentar y salí.  Y regresé, esta vez por unas medias y un saquito por si me daba frío. Al final salí, con tiempo.

Era una día precioso, soleado, hacía un poco de viento fresco, el clima y el sol me recordaba las mañanas de Cúcuta . Me tomé el colectivo, estaba feliz porque no salí apurada y en taxi, esta vez lo hice mejor.

Al llegar al centro de imágenes estaba mi amiga alias "Lorenza" (cuyo nombre real es Lorena, pero yo creo que se equivocaron en su denominación de origen, de hecho tengo la manía de cambiarle los nombres a la gente porque me parece que no le pegan con su personalidad). Ella como siempre tan puntual me estaba esperando sentadita. Hice todo el trámite administrativo para que me realizaran el PET y me senté a esperar con ella, luego el médico me midió y pesó, hizo una breve encuesta de salud y me dijo que el aparato estaba tildado, que iba a tener un rato de espera. Y sí, esperé hora y media. Cada tanto volvía la mirada a la ventana, para ver la gente pasar, esperando un milagro, creo.

Finalmente me llamaron y me llevaron a un cuartito con un sillón y una mesa sobre la que descansaba una bandeja con un jugo tipo Tang, en la pared había una tele. Y llegó el momento de ponerme radioactiva. Infiltraron en mí el líquido o radiosonda, empecé a ir cada 10 minutos a hacer pis, luego volvía al sillón y me distraía con una de mis comedias favoritas de Robin Williams, La Jaula de la Locas. Reía y me impresionaba verme el canal para infiltrarme clavado en el brazo.

Ese momento de encierro en un espacio tan reducido, sin la posibilidad de moverme me hizo reflexionar sobre la libertad, la cual, creo que sólo se tiene cuando hay salud, salud mental, física y espiritual. Porque se puede tener libertad de moción pero estar atado a una idea, un sentimiento, a la ira o un pasado que impide progresar, volar, respirar, vivir, y que lo mantiene a uno deambuando sin rumbo ni objetivo motivado por la ira, el deseo desmedido y el desequilibrio, esa es una fuente de intranquilidad.  Es necesario dejarlo ir ese obstáculo mental pero para que esto ocurra primero es necesario reconocerlo, tener la consciencia necesaria para aceptar que algo que no está bien en el interior para después sanarlo, perdonar y dejar ir;  sólo de este modo se encuentra la felicidad, una vez que esta llega ya nada ni nadie podrá perturbarla.

Terminó la espera y entré dentro del aparato enorme acostada en un camilla. Yo me imaginaba que estaba siendo insertada en un cohete (quise pensarlo así para relajar un poco, para no estar preocupada por si el cáncer está en varias zonas de mi cuerpo). Me imaginaba siendo Sandra Bullock en Gravity o Anne Hathaway en Interstellar cuando pasaban por los estrechos pasillos de las naves haciendo maniobras para llevar a cabo sus misiones y salvar su vida. Y sí, yo estaba entrando a esa "nave" para salvar mi vida y cumplir esa misión que tengo en el mundo. 

Hicieron rodar círculos alrededor de mi cuerpo, se prendieron luces, tomaron las imágenes y listo, para afuera. Eran las 14 horas cuando pude comer algo y ver la carita de la linda Lorenza esperándome para que le contara los pormenores del examen.

Salimos del centro de imáneces y ahí vino lo feo de esta etapa. Avisé a mi familia que me había ido bien y estuve próximos dos días yéndome por el inodoro, tirada en la cama sin ganas de nada, comiendo poco y viendo cuanta película de cáncer encontré online, purgando la radiactividad.

De eso se trata esta enfermedad, de purgar y purgar culpas, insatisfacción, sentimientos, actos, palabras, omisiones y decisiones. Aquí nadie te puede acompañar o ayudar, es estar frente a frente con tu propio ser analizándolo, limpiándolo, haciéndole retoques. Es como cuando caes de tu barca (donde tenías todo el confort) en el mar abierto en medio de una tormenta, a veces te ahogas y cada tanto sales a tomar un poco de aire para continuar nadando hasta la orilla.



 






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