viernes, 12 de julio de 2013

Nuquí, entre la selva y el océano

La tranquilidad de las playas de arena oscura y la variedad de planes son los atractivos de este paraíso natural.

Antes de tomar la avioneta que nos llevaría a Nuquí ya estaba emocionada por conocer Chocó. Varias personas que habían visitado el departamento me dieron muy buenas referencias y justo antes de abordar la aeronave escuché una opinión que corroboraría lo impactante del lugar al que estaba a punto de llegar. Fue una extranjera quien dijo aquellas palabras que retengo en mi memoria: “¿Preparados para conocer el paraíso?”.
Cincuenta minutos después comprobé que lo dicho por mi compañera de viaje era cierto. Las olas de color esmeralda rompiendo contra la playa de arena oscura y la selva de fondo son los paisajes más espectaculares que he visto. Cuando bajamos del avión y embarcamos en la lancha me di cuenta de que visitar esta zona del país es un plan muy diferente al de ir a alguna ciudad del Caribe con su amplia oferta de resorts. En Chocó lo que hay son pequeños hoteles que invitan a relajarse, disfrutar de la naturaleza y alejarse del ruido.
De hecho, para muchos turistas la tranquilidad es el mayor encanto de este lugar, pues en sus playas no hay vendedores ambulantes y en los hoteles y posadas se recomienda oír música con audífonos. Para viajar a Nuquí es necesario acudir a una agencia de viajes que maneje planes ecoturísticos o diseñar el plan con el hotel. No es recomendable llegar sin tener concertado el hospedaje ni el transporte, pues la mayoría de alojamientos quedan alejados del casco urbano.
Las caminatas ecológicas para observar aves, ballenas yubartas o delfines, surfear, montar en kayak o bucear son algunos de los planes más solicitados, aunque hay otra alternativa igual de fascinante: hacer un recorrido en canoa por el río que comienza en el municipio de Joví y termina en una cascada de agua dulce.
Otro programa para la tarde es almorzar en una de las hospederías de la zona de Termales, un pequeño corregimiento ubicado a la orilla del océano, y luego bañarse en las aguas tibias y azules en medio de la selva. Después se puede recorrer la playa y pasar por varias desembocaduras de ríos. Para terminar con un coctel de carambolo y la espectacular vista desde el mirador de la hostería Piedra Piedra, donde hay una piscina de agua natural que se pierde en el mar.
publicado en El Espectador el 13 de septiembre de 2011.

lunes, 8 de julio de 2013

Bergoglio vs.El Dios Cósmico

"Panteístas", "Autistas Espirituales" y "Politeístas" , así nos llamó ( me incluyo porque me sentí tremendamente aludida) Jorge Mario Bergoglio según una noticia publicada el domingo 7 de julio en Infobae, diario que consultó a Roberto Bosca, autor de New Age, la utopía religiosa de fin de siglo, para que diera su mirada acerca de esta corriente de la "Cultura Light", como la denominó el Sumo Pontífice.

Durante la lectura del artículo me iba embargando un cólera incontenible ¿por qué? porque nunca me ha parecido justo que la Iglesia emprenda cruzadas de desprestigio contra las demás creencias. Su estrategia es aprovecharse de su poder e influencias para desacreditar todo aquello que le brinde a la gente una salida a sus problemas y que no esté bajo su imperio. Así lo han hecho con las corrientes protestantes y otras tendencias separatistas, con los credos de los aborígenes y con los que se les han cruzado en el camino. Esta vez les llegó el turno a las religiones de oriente.

Nunca he entendido por qué esta institución es tan ambigua y doblemoralista. Es como si tuviera dos caras. Con una pregona el amor al prójimo, la humildad, la mansedumbre, la mortificación, el respeto, el amor incondicional y con la otra son capaces de emprender las más despiadadas e infames campañas para aplastar la honra de todo aquello que pueda "afectar" sus intereses.

Me atrevo a decir que este mismo comportamiento impío ha sido el que logró que tantos católicos abandonen las bancas los domingos y busquen solución a sus tribulaciones en otras doctrinas. Es el mismo que apabulló a tantos jóvenes de mi generación y terminó por generalizar el ateismo, la incredulidad y el egocentrismo, que, como dijo Bergoglio desembocó (en algunos casos, odio generalizar) en una tendencia espiritual individualista: El mal llamado New Age, el cual venía gestándose hace unas décadas (aproximadamente desde los 70).

La Iglesia nunca entendió que señalando, persiguiendo, castigando y tratando de extirpar de raíz la naturaleza humana no iba a conseguir nada. La letra no entra con sangre. Nadie quiere un Dios que lo juzgue.  La asechanza de la "brujería"  que estableció el Papa Lucio III en el año 1184 con la Inquisión sigue viva hoy en una versión moderna en la que se condenan a los gays  y a los que creemos que es posible tener una relación privada, personal y única con Dios, sin necesidad de intermediarios.

Ya es suficiente con vivir en un mundo en el que debemos tener la etiqueta de una ideología política, de un estado civil,  de una nacionalidad.  Es suficiente que de bebés nos caiga un chorro de agua que nos marque como católicos cuando ni siquiera podemos razonar.  Ahora bien, no es justo que algo tan personal, como lo es la espiritualidad tenga un rótulo en el que debemos encajar.

Fui bautizada como católica, creo en Dios, en Jesús, los cientos de vírgenes, incluso en los santos. Pero también me parecen muy coherentes y sorprendentes las enseñanzas de Buda, considero que las asanas del yoga te ayudan a lograr una experiencia mística, respeto los ritos indígenas y ¿por qué no? cabe la posibilidad de que la trinidad puede ser hindú o católica. Al fin y al cabo no hay una única verdad revelada, no sabemos a ciencia cierta si Dios es blanco o negro, o si es hombre o mujer. Lo importante acá no es quién tenga la razón sino ser mejores personas, encontrar la tan anhelada felicidad y vivir tranquilos.

Esta es la nota a raíz de la cual escribí estas palabras: http://www.infobae.com/notas/718783-Que-es-la-New-Age-y-por-que-es-condenada-por-el-papa-Francisco.html


viernes, 5 de julio de 2013

De paseo en carro de Golf por la Isla de Morgan

Playa ubicada en el centro de San Andrés.

Una de las cosas más curiosas de San Andrés es la cantidad de carritos de golf que se encuentran transitando por las calles. Casi en cada esquina del centro de la ciudad es posible encontrar un lugar para rentar uno. Los más pequeños y sencillos cuestan entre $20.000 y $30,000 por hora y, según el modelo, entre $60.000 y $100.000 el día.
La razón de que hayan tantos es netamente turística, aunque no se puede negar que los isleños también los usan por ser un medio de transporte muy económico. Y es que en realidad estos carritos son una excelente opción para llevar a cabo uno de los mejores planes en la isla: recorrerla de punta a punta.
Los 12 kilómetros de largo y los tres de ancho permiten conocerla en menos de dos horas. Sin embargo, lo ideal es tomarse, al menos, medio día. Sólo de este modo se pueden saborear por completo sus paisajes y adentrarse un poco en la cultura isleña.
No importa si el paseo lo inicia con las manecillas del reloj o en el sentido contrario, igual se encontrará con los mismos lugares y llegará al punto donde arrancó. Si empieza conforme van las horas, después de salir del centro pasará por el Muelle y Bahía Baja. En este lado, durante la mayoría del recorrido el mar estará escondido entre la vegetación verde que abunda en la isla; sólo en algunos puntos se asomará para tentarlo en medio del calor con sus aguas frescas y azules.
En una de las muchas desviaciones, que van al ombligo de San Andrés, está el barrio de La Loma, un vecindario de construcciones tradicionales de madera, que es habitado por nativos. De allí se destaca la primera iglesia bautista, llamada Emmanuel.
Después de unos cuantos kilómetros se llega a Rocky Cay, donde se ubican varios clubes náuticos. Estos son sitios ideales para hacer una primera parada y alquilar una moto de agua o un kayak que lo llevará hasta el Acuario. La excursión acuática no le tomará más de 40 minutos cada trayecto. Al llegar, podrá nadar y alimentar a cientos de peces de colores e inofensivas rayas que se acercan afanadas para recibir la comida.
Al retomar la ruta, probablemente ya sea mediodía. Por tanto, la siguiente estación en el camino es San Luis, una de las playas más hermosas y famosas de San Andrés, por su arena blanca y fina. Aquí también están varios de los mejores restaurantes de la isla, en los cuales se degusta una exquisita variedad de mariscos, pescado y la más espectacular y jugosa langosta. Al terminar el almuerzo, el mejor programa es acostarse en la orilla a tomar la siesta.
San Luis termina en la punta sur de San Andrés, justo en esta posición se encuentran los tradicionales parajes en los que todo viajero debe detenerse. El hoyo soplador, que cada día emite menos agua y viento debido a que la marea ya no sube tanto como hace algunos años; la cueva del Pirata Morgan, el forajido y coleccionista de tesoros inglés más temido del Caribe, y la piscinita, una pileta natural, de paredes de coral, que está suspendida entre las rocas y mira hacia el mar. Terminar el paseo en este lado de la isla significa ver de uno de los atardeceres más conmovedores y coloridos del mundo.

Publicada el 23 de octubre de 2012 en El Espectador

jueves, 4 de julio de 2013

Tirar la primera piedra

¡ERES UN HIJUEPUTA! Después de esta frase uno suele sentirse el ser más mísero de este planeta. El odio comienza a correr por la venas, el objetivo es uno: acabar con la persona que lo dijo.De inmediato empiezan a gestarse en la mente mil formas de hacer daño. En ese momento se puede incluso escribir un manual de tortura en el que se detalla con minuciosidad las técnicas para destrozara esa persona. Arrancarle una a una las uñas, partirle los dedos, ponerle una bomba a su casa, matar a sus seres amados, armarse un video con las imágenes más crueles de su vida. Las más macabras ideas fluyen fácilmente.

Son pocas, o mejor, nulas las veces que uno se detiene a pensar qué hay detrás de esas palabras, son mínimas las posiblidades de detenerse, respirar, mirar al horizonte, dejar que el humo se disipe hasta que la mente se aclare para hacer una revisión minuciosa de lo ocurrido. Por el contrario, es más fácil situarse en el papel de víctima y desearle al otro que le caiga un rayo y lo parta en mil pedazos.

Es cierto que para una pelea se necesitan dos (por lo menos), también es verdad que en una discusión influyen factores externos, así como se requiere una alta dosis de intolerancia, impaciencia y un ego enorme. A veces es difícil darse cuenta pero, por lo general, uno mismo es quien crea toda la disputa, pues se enfrenta a puntos de vista diferentes que van generando malestar, el cual, al no encontrar un respiro, una palabra amable que pertenezca a nuestro imaginario, se empieza a transformar en insatisfacción, luego viene la rabia, que da paso a la  ira incontrolable y termina convirtiéndose en una bomba atómica, en una verborrea odiosa.

Aunque la furia enceguezca y cause un sin sabor (o peor, un gusto amargo intragable), uno sabe cuál va a ser la gota que derrame el vaso, esa la palabra que va a terminar de hundir el clavo, la encargada de dejar una cicatriz imborrable en el corazón del otro. Y es precisamente ese momento cuando hay que parar, detenerse por completo y pensarlo una, dos, tres (las veces que sea necesario), para no tirar la primera piedra, esa que noquea de odio y deja paso al granizo de cólera.

Darle una vuelta a la silla, ir a tomar un té (porque la cafeína puede afectar más la mente), salir a hablar con alguien,  lo que sea, la cuestión es soltar el gatillo, cambiar de panorama y tomar aire para poder bajar los decibeles, para evitar ser presa de la ira. No importa si se tiene la razón o no, lo más razonable es no dejarse seducir por el demonio del ego, que siempre va a buscar la satisfacción propia. Eso lo agradecerá el cuerpo y el alma al siguiente día. Cuando haya pasado la tormenta.





lunes, 24 de junio de 2013

Sonidos que curan y purifican el alma


Recién llegué a vivir a la Argentina, o sea hace más 8 meses, tenía toda la intención de continuar con un proceso de crecimiento espiritual que comenzó en Colombia luego de haber tomado reiteradas veces el yagé o ayahuasca. El problema era que aquí no tenía un taita o guía que me dirigiera, que me indicara el camino a seguir, tuve que hacer todo por mi cuenta.

En un primer momento meditaba. Me sentaba en la cama, ponía incienso, una vela y algunos mantras que había encontrado en Youtube. Al principio, a la mitad del mantra empezaba a llorar, era como si hubieran abierto una llave y las lágrimas salieran solas. Sin embargo, al terminar la canción me sentía libre, bien, feliz. era como si me estuviera purificando.

Luego entré a clases de yoga, de hatha yoga o yoga inboud, que es la que más se practica en Buenos Aires. Los mantras que nos enseñan en clase, las posiciones o asanas y las personas que encontré allí (mi profesor, los swami, los gurús e incluso mis compañeros) han sido grandes mentores. Pero esta es sólo una parte de este proceso espiritual. La fase que llamo de la protección en la que invoco a la gran energía divina para que me acompañe en el viaje. Pero faltaba algo más, algo que me disparara fuera de este mundo.

Continué explorando por internet y un día me encontré con los solfeggios, unas frecuecias musicales de las que se dicen muchas cosas: que son los sonidos del universo, que con ellas se afinaban los instrumentos en la antigüedad, que están especificadas en la Biblia en el libro de Números capítulo 7 versículo 12 - 89, que los cantos gregorianos las usaban, que los nazis las aprovecharon para hacer propaganda del régimen, que limpian y reactivan los chakras, en fin. Aquí más info para los que estén interesados http://www.sonidomedicinal.com/2012/04/frecuencias-solfeggio.html

 Lo cierto es que para mí la cosa ha funcionado. Me pongo los audífonos y después de unos minutos es como si entrara en un trance en el que me siento adormecida por la música, después empiezo a soñar, digo soñar porque en realidad no puedo especificar lo que es este estado, veo todo muy claro, vívido, cierto. la cosa es como si un alguien superior me mostrara la verdad sobre el universo, sobre la vida, sobre Dios, sobre esta tierra. Es verdaderamente increíble y lo recomiendo para todo el que quiera iniciar un cambio radical en su vida. Prometo que más adelante leerán sobre mis historias "astrales".

Las frecuencias y los chakras en los que inciden:



1. Muladhara o primer Chakra: Es la raíz que nos conecta con la tierra. Controla también los miedos y las inseguridades. Su frecuencia es la 396 Hz. 

http://www.youtube.com/watch?v=UdjoLk-by5k

2. Suadhisthana o segundo chakra: Relacionado con la creatividad, la sexualidad, los vicios y las adicciones. Su frecuencia es la 417 Hz.

http://www.youtube.com/watch?v=UWFq57BnocE

3. Manipura o tercer chakra: Es el que almacena las grandes emociones, en el permanecen nuestra fuerza de voluntad. Si está desequilibrado surge el odio y la ira. Se suele trabajar con el del corazón, es decir, con la frecuencia 528hz. 

http://www.youtube.com/watch?v=CNYUqel2HhI

4. Anajata o cuarto chakra: El del corazón. Relacionado con la compasión, el amor, el equilibrio y el bienestar. Su desequilibrio trae desestabilidad emotiva. Su fecuencia es la 639 Hz.

http://www.youtube.com/watch?v=RFkympfd2lY

5. Vishuddha o quinto chakra: Es el que está en la garganta. Maneja la comunicación con el mundo exterior, que si no se realiza de la manera adecuada se puede llegar a ahogarse con las emociones.  Su frecuencia es la 741 Hz . 

http://www.youtube.com/watch?v=cYq2ALZMfKg

6. Agñá o chakra del tercer ojo: Nos da la posibilidad de conectarnos con lo sobrenatural, lo espiritual. Además nos proporciona el sentido de la percepción. Su frecuencia es la 852 Hz.

http://www.youtube.com/watch?v=vRGqlfeJEOU



miércoles, 5 de junio de 2013

Guardianes del fin del mundo

Esta fue una nota que escribí para el periódico El Espectador de Colombia tras haber regresado de un crucero por la Patagonia entre el 26 de Septiembre y el 4 de Octubre de 2012. Fueron ocho días navegando y explorando el canal de Beagle, desembarcamos cada mañana, en cada desembarque experimenté una historia diferente, cada una me maravilló, puedo decir que me cambió la perspectiva. La energía de este lugar es increíble, es pura y magnánima. Les dejo el link del artículo que fue publicado el 12 de noviembre de 2012 (siento no copiarles la nota entera, pero me da error cuando lo hago)
 http://www.elespectador.com/noticias/elmundo/articulo-386628-guardianes-del-fin-delmundo

La familia Cádiz: Iván, Daniela, Paula e Iván, el hijo menor. Otras 30 familias chilenas viven en distintas islas de esta región de la Patagonia chilena

.

Poema de Sara Vial a los marineros desaparecidos.

Vista del monumento del Albatroz desde lejos.

Panorámica que se puede apreciar desde la cocina de la familia Cadiz.
Casa de la familia Cadiz.

Iván Cadiz en su casa de Cabo de Hornos.

Tierra de pingüinos

Era el último desembarco que haríamos en el crucero que recorría el estrecho de Magallanes. Para muchos, el más esperado. Eso se podía comprobar porque todos estaban en popa listos para tomar lo botes más temprano de lo normal. Algunos nos preocupamos porque desde el barco sólo se podía apreciar una planicie llena de hoyos; sus menudos habitantes no se distinguían. Mientras las lanchas de hule se iban acercando, en el horizonte se comenzaban a formar las figuras de las aves blancas y negras, que más bien parecían enanos en esmoquin.
La emoción era incontenible. Más para nosotros, habitantes del trópico, para quienes el significado de exótico difiere con lo selvático y se asemeja más a estas aún misteriosas y remotas tierras patagónicas. Una vez en tierra parecíamos niños. No podíamos dejar de perseguir a los animales con nuestras cámaras para captar cada uno de sus movimientos.
Todo lo que hacían era realmente encantador, además de ingenioso. Lo mejor es que entre nosotros y ellos no había barrera alguna, podíamos casi entrar en sus cuevitas. Sin embargo, nuestra actitud sofocante logró que algunos nos acorralaran y picotearan más de una vez. Estaban aturdidos por nuestra ansiosa presencia y los flashes de las cámaras fotográficas.
Isla Magdalena, Patagonia Chilena. Crédito:123rf
Su aspecto es el del tradicional pingüino que muestran en la televisión y los cómics. Son de tamaño mediano, miden entre 35 y 45 centímetros de altura, y llegan a pesar hasta tres kilogramos. Su cabeza y la mayoría del cuerpo son negros, disponen de una franja blanca alrededor del ojo que alcanza a rodear sus oídos y barbilla, para juntarse luego en la garganta y descender de manera inconstante por el pecho y el vientre, cualidad que diferencia a esta especie del pingüino de Humboldt, que habita en las costas del Pacífico de Chile y Perú.
En esta época, la raza magallánica llega desde el norte, más específicamente de las templadas aguas de Uruguay y Brasil, países en los que se refugia del invierno. Son más de 60.000 parejas en la isla Magdalena, anidando en las mismas cuevas que habían construido años atrás. Allí pasan pacíficamente el verano junto a otras especies, como los cormoranes, las gaviotas, los lobos marinos y el delfín austral.
En la isla Magdalena no hay más para ver que los animales. Desde el muelle que recibe a los turistas se puede divisar a las aves que están sumidas en sus quehaceres diarios: bañarse, conseguir el alimento (que generalmente son algas), dar de comer a los polluelos y mantener el nido limpio.
Ese es el panorama que se observa durante los dos kilómetros de caminata hasta el faro, donde se encuentra la sede de la Corporación Nacional Forestal, Conaf, entidad encargada de preservar, supervisar y administrar esta isla, declarada monumento natural nacional en 1982. En esta única construcción es posible resguardarse del frío, acrecentado por los vientos que seguramente sobrepasan los 40 kilómetros por hora.

Quise publicar esta foto, tomada por mí, porque me encantaron los dos pingüinos que se besan.
Mientras se recupera el calor es posible disfrutar del Centro de Interpretación Ambiental, en el que se presentan, por medio de paneles, la historia y los emblemáticos personajes que navegaron el estrecho de Magallanes, así como la colonización de la región y su fauna, que desde 1992 aumentó en 60%.
Para vivir esta experiencia en la isla Magdalena es necesario dirigirse a la terminal de Tres Puentes, en Punta Arenas, desde donde zarpan ferris los días martes, jueves y sábados, muy temprano en la mañana y hasta medio día o desde las 4 de la tarde hasta que cae la noche.

Publicado en El Espectador el 6 de noviembre de 2012.