![]() |
| Alexa Gibbens. juztapox.com |
El clítoris le iba a estallar. Lo sentía hinchado. Tenía
puesta una tanga gris, era de licra con motivos de tigresa, le gustan esos
motivos porque la hacen sentir una mujer fatal,
no sabe si lo es en realidad, pero se lo cree. Ese material sintético
hacía que el roce fuera más fuerte, le acariciaba suavemente los labios de la vagina.
Intentaba no moverse mucho para que él no se diera cuenta de lo excitada que estaba, era casi imposible lograr que las piernas no le temblaran, qué
arrechera tenía. Su cabeza estaba apoyada en su muslo izquierdo, le daba la
espalda. De manera sutil, comenzó a acariciarle el pelo, rodeó su oreja
izquierda con sus dedos y los deslizó por su cuello, cuando llegó a su espalda,
ya sentía la ropa interior mojada y un flujo blancuzco se derramaba de su
vagina. Se movió suavemente hacia el costado izquierdo y empezó a besarle la
piel sólo con los labios, quería sentir lo tersa que estaba. Su espalda estaba
descubierta, sólo tenía puestos los calzoncillos, los mismos que tenía desde hace tres días, expelían olor, el
indescriptible olor de su pene, algo sin igual, glorioso para su olfato. Desesperada recorrió toda su espalda con su boca, por momentos se
detenía para probar su aroma, qué deleite, pensaba.
No resistió más, le dijo, tengo ganas de cojer. Esas palabras fueron como un reactor nuclear,
Noooo, ¿no te cansas? contigo tengo que dar el doble. Se dio media vuelta y se puso sobre su costado izquierdo, esa era
la posición en la que ella creía que la soñaba cuando no estaba a su lado,
cuando ante los demás son sólo dos extraños que hablan sin parar para sentirse cerca el uno del otro, cuando él todavía no sabía nada.
Quedó devastada, ansiosa, con los pezones duros y el clítoris que se le
reventaba. No emitió una sola palabra.
Empezó a volar, se refugió en su lado oscuro donde
reina la incertidumbre, el rechazo, la duda, la desconfianza. Ahí fue cuando
ella apareció, seductora, segura, mordaz. No quiere metértelo porque estuvo con
su noviecita esta tarde, se volteó porque piensa en su cuca, le calienta más, cree que es mejor que la tuya.
Cállate, puta, ¿resucitaste? Pensé que te había matado. ¿Por qué no me crees? ,
le replica, míralo, se da vuelta para pensar en ella, no lo convences del todo,
acéptalo. Pero ¿cómo no le va a gustar mi forma de mamárselo? Es imposible, me
dijo que era única y que a ella la va a dejar en su debido momento, por esas
palabras estoy aquí, por esas palabras me estoy tragando todo lo que siempre
negué, lo que nunca quise soportar ¿por qué me hace esto?. ¡Reclámale! le dice,
o mejor, expresa todo lo que piensas, lo que estamos pensando, él no la va a
dejar, es un hecho.
Se arrancó el traje de mancita. Con la voz entrecortada y
una ira incontrolable empezó a balbucear cualquier cantidad de sandeces. ¡Es el
colmo que no me quieras cojer! Me aguanto todo menos esto, eres un imbécil incapaz
de satisfacerme, me siento frustrada, me da asco tu cobardía, me voy a ir, esto así no va. Ella, mientras
tanto, la animaba como porrista Yankee en pleno final del Super Bowl, continúa,
continúa, todavía aguanta. ¡Te odio! No sé por qué pensé que eras diferente. De
repente él soltó el bombazo, te mereces la mierda que eres. Así, conciso,
radical. Sus palabras le cayeron como una piedra en el estómago, era una roca pesada, filosa, seca. Intentó
tragar saliva, uugghhh. Calló.
Entre sus sueños la escuchaba.
¿No vas a seguir? ¿Vas a dejar que te venza? ¿Así eres de débil? Ja! con razón
ya no te quiere coger ni él ni nadie, ni coraje tienes. Por eso prefiere a
cualquier minita que le caliente el oído, que le chupe los huevos con la
lengüita caliente, te falta peso en las bolas, nena. Despertó, todo estaba
oscuro. Empezó a masajearse los labios mayores, luego llevó los dedos a su
lengua para mojarlos con saliva, volvió a tocarse. Esta vez su pene se paró, se
lo apoyó en el culo. Él abrió los ojos,
se dio vuelta, la miró, se levantó y al salir de la habitación dijo: Eres un
monstruo lamentable.

uuuuhhhhhhhhh!!!
ResponderEliminar