jueves, 30 de mayo de 2013

Rechazo

Alexa Gibbens. juztapox.com

El clítoris le iba a estallar. Lo sentía hinchado. Tenía puesta una tanga gris, era de licra con motivos de tigresa, le gustan esos motivos porque la hacen sentir una mujer fatal,  no sabe si lo es en realidad, pero se lo cree. Ese material sintético hacía que el roce fuera más fuerte, le acariciaba suavemente los labios de la vagina.

Intentaba no moverse mucho para que él no se diera cuenta de lo excitada que estaba, era casi imposible lograr que las piernas no le temblaran, qué arrechera tenía. Su cabeza estaba apoyada en su muslo izquierdo, le daba la espalda. De manera sutil, comenzó a acariciarle el pelo, rodeó su oreja izquierda con sus dedos y los deslizó por su cuello, cuando llegó a su espalda, ya sentía la ropa interior mojada y un flujo blancuzco se derramaba de su vagina. Se movió suavemente hacia el costado izquierdo y empezó a besarle la piel sólo con los labios, quería sentir lo tersa que estaba. Su espalda estaba descubierta, sólo tenía puestos los calzoncillos, los mismos que tenía  desde hace tres días, expelían olor, el indescriptible olor de su pene, algo sin igual, glorioso para su olfato. Desesperada recorrió toda su espalda con su boca, por momentos se detenía para probar su aroma, qué deleite, pensaba.

No resistió más, le dijo, tengo ganas de cojer. Esas palabras fueron como un reactor nuclear, Noooo, ¿no te cansas? contigo tengo que dar el doble. Se dio media vuelta  y se puso sobre su costado izquierdo, esa era la posición en la que ella creía que la soñaba cuando no estaba a su lado, cuando ante los demás son sólo dos extraños que hablan sin parar para sentirse cerca el uno del otro, cuando él todavía no sabía nada. Quedó devastada, ansiosa, con los pezones duros y el clítoris que se le reventaba. No emitió una sola palabra.

Empezó a volar, se refugió en su lado oscuro donde reina la incertidumbre, el rechazo, la duda, la desconfianza. Ahí fue cuando ella apareció, seductora, segura, mordaz. No quiere metértelo porque estuvo con su noviecita esta tarde, se volteó porque piensa en su cuca,  le calienta más, cree que es mejor que la tuya. Cállate, puta, ¿resucitaste? Pensé que te había matado. ¿Por qué no me crees? , le replica, míralo, se da vuelta para pensar en ella, no lo convences del todo, acéptalo. Pero ¿cómo no le va a gustar mi forma de mamárselo? Es imposible, me dijo que era única y que a ella la va a dejar en su debido momento, por esas palabras estoy aquí, por esas palabras me estoy tragando todo lo que siempre negué, lo que nunca quise soportar ¿por qué me hace esto?. ¡Reclámale! le dice, o mejor, expresa todo lo que piensas, lo que estamos pensando, él no la va a dejar, es un hecho.

Se arrancó el traje de mancita. Con la voz entrecortada y una ira incontrolable empezó a balbucear cualquier cantidad de sandeces. ¡Es el colmo que no me quieras cojer! Me aguanto todo menos esto, eres un imbécil incapaz de satisfacerme, me siento frustrada, me da asco tu cobardía,  me voy a ir, esto así no va. Ella, mientras tanto, la animaba como porrista Yankee en pleno final del Super Bowl, continúa, continúa, todavía aguanta. ¡Te odio! No sé por qué pensé que eras diferente. De repente él soltó el bombazo, te mereces la mierda que eres. Así, conciso, radical. Sus palabras le cayeron como una piedra en el estómago,  era una roca pesada, filosa, seca. Intentó tragar saliva, uugghhh. Calló.


Entre sus sueños la escuchaba. ¿No vas a seguir? ¿Vas a dejar que te venza? ¿Así eres de débil? Ja! con razón ya no te quiere coger ni él ni nadie, ni coraje tienes. Por eso prefiere a cualquier minita que le caliente el oído, que le chupe los huevos con la lengüita caliente, te falta peso en las bolas, nena. Despertó, todo estaba oscuro. Empezó a masajearse los labios mayores, luego llevó los dedos a su lengua para mojarlos con saliva, volvió a tocarse. Esta vez su pene se paró, se lo apoyó en el culo. Él abrió los ojos,  se dio vuelta, la miró, se levantó y al salir de la habitación dijo: Eres un monstruo lamentable.

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